27
Nov

La envolvente térmica de nuestra casa puede contribuir al cuidado del medio ambiente

No son pocos los días que tenemos noticias relacionadas con el medio ambiente, la sostenibilidad o iniciativas para mejorar la eficiencia energética tanto dentro como fuera de nuestros hogares. Y es que, en la actualidad, este último punto se presenta como una de las políticas de freno para el cambio climático junto a otras medidas como el impulso de sociedades sostenibles, el desarrollo de energías renovables y una política de transporte menos agresiva con el medio.

Y en este plano también juega un papel importante las casas en la que vivimos y la filosofía constructiva que se sigue en la actualidad. Es por ello que en la construcción o rehabilitación de los edificios también se debe contemplar la sostenibilidad en todos sus procesos, sobre todo cuando nos damos cuenta de que la edad media de nuestros hogares es de 40 años y no se rige por esos estándares de edificación que abogan por el no derroche de energía.

Y es que sí, los edificios también contaminan y sus principales desventajas a la hora de cuidar el planeta vienen en relación a su envolvente térmica. Solo baste un dato: si una casa tuviera un adecuado aislamiento de cubiertas y fachadas se podría reducir ese consumo energético en un 50%-65%. O, dicho de otro modo, no solo gastarás menos en la factura de luz, sino que reducirás esas emisiones a la atmósfera.

Las casas pasivas ya han dado con la solución para mantener una temperatura óptima tanto en inverno como en verano en forma de un aislamiento eficaz y sostenible. Una cobertura más eficaz que se instala por el exterior de la fachada, dejándola aislada y minimizando el intercambio energético entre el exterior y el interior que es lo que, en definitiva, deja que el frío y el calor penetre en las viviendas durante los cambios de estación.

Por otro lado, una eficiente impermeabilización de nuestros hogares también se vuelve fundamental para evitar el consumo extra de energía o para que las humedades y/o goteras puedan afectar a la salud y dañar además toda la estructura del edificio que exigirá una posterior rehabilitación más compleja y costosa. En este sentido, láminas impermeabilizantes fotocatalíticas -que reaccionan a la luz del sol absorbiendo dióxidos de nitrógeno y eliminándolos con el agua de lluvia- o las cubiertas ajardinadas, que capturan los gases contaminantes y nocivos, y, por tanto, rebajan la cantidad de dióxido de carbono emitida a la atmósfera, son opciones muy interesantes en las que el sector ya trabaja.

De esta manera, el futuro de la construcción pasa por tener en cuenta parámetros y variables tan importantes como la sostenibilidad y la eficiencia energética que den lugar a edificios de consumo casi nulo.